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INTRODUCCION

 

HACIA UNA NUEVA IDEA DE LA INTELIGENCIA

 

 

            La idea de la filosofía en Xavier Zubiri viene a identificarse, a niveles de resonancia, con «la realidad». Una idea de realidad probablemente descubierta al amparo del análisis del proceso del sentir. Una especie de análisis momentual para desentrañar qué lleve dentro de sí eso que entendemos por el sentir humano. ¿Hay una vía hacia lo transcendental que nos sitúe en lo metafísico, precisamente ahí en los mismos umbrales del sentir humano?.

Para Zubiri «sentir humano» y «inteligencia sentiente» son expresiones equivalentes. La modalidad de la inteligencia fijada en la expresión «sentiente», constituye -a mi entender-, lo «héxico» como estado de posesión o disposición, muy próximo al quedar. Esta especie de estado de «posesión» se dice en griego e)+cij[1].

 

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Sentir es aprehender lo que afecta y en cuanto afecta de una manera muy concreta. Esa manera concreta en el pensamiento filosófico de Zubiri, o es estimúlica puramente, i.e. suscita automáticamente una respuesta adecuada a la estructura vital (es el caso de los animales en la gama de la escala zoológica), o deja a éste en una situación de apertura para la búsqueda de la respuesta que tendrá que acomodar por tanteo, a su conveniencia vital. Este quedar en apertura, como formalidad, constituye para Zubiri la «realidad».

El ámbito de lo real de naturaleza héxica, viene posibilitado por lo que Zubiri llama el enfrentamiento, o modo de haberse el animal humano consigo mismo y con las cosas: «habitud» llama Zubiri a este modo de haberse, traduciendo el término griego e)+xiV, (para evitar la expresión de «hábito o costumbre», que surge de la tradición y de la traducción latina).

1      

¿La vía conceptiva es inevitable?

            Cuando en el año 1962 publica Zubiri su estudio metafísico «Sobre la Esencia»[2]. Por una parte quiere despejar toda adherencia conceptiva sobre la idea de realidad. Y a su vez, persigue la idea de esencia de la cosa en la cosa misma.             Entiende esta mismidad como lo que de real hay en cada cosa. Postula entonces que la vía conceptiva para la inteligencia, no es primaria en los análisis, ni en las posibles explicaciones de tipo metafísico.

            No hay por una parte el sentir y por otra el inteligir, y por ende, ya ab initio, una dualidad de inteligencia y realidad.

            Por esta línea de dualismos y sus posibles consecuencias, entiende Zubiri -en esta obra concreta-, que se ha llegado a la distorsión total de la idea de sustancia y esencia. Los esquemas de los diversos sistemas metafísicos que sobre «el ente» han dictaminado, vienen todos ellos condicionados por el prejuicio de una Inteligencia concipiente, y de la realidad encorsetada en el ser como sustancia. La vieja idea de Parménides de la identidad de pensar y ser, nada ha podido en contra del dualismo de sentir e inteligir.

            La vía conceptiva supone en primer lugar que la estructura de las cosas, cual ella fuere, parte siempre de ser término de un «logos predicativo» (Cf.SE 8).

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 Sus interlocutores en este debate sobre la esencia, son por ello Husserl, Hegel, Descartes, Leibniz, Kant y Aristóteles, y curiosamente en este orden. Es posible que sea la idea de la inteligencia concipiente la que los reúna en la confrontación zubiriana por encontrar una vía para la metafísica, distinta de las explicitadas en los sistemas de estos autores.

            La idea de Unidad, la unidad de la cosa, la unidad de compresión, tal vez sea la primera idea guía en esto de determinar el comienzo metafísico de un sistema. Para Zubiri, la unidad es el punto de comprensión de toda realidad. Correlación comprensiva: unidad ‘la’-. ‘...en definitiva, la pregunta por la esencia misma, es la pregunta por la unidad principial de la cosa real’ (SE 18). Unidad primaria necesitante de la cosa real (cf.SE 23).

            El situarse en esta unidad principial necesitante, constituye la posibilidad del «no» fundamental zubiriano a las conceptuaciones diversas acerca de la esencia.

            Al ir explicitando la idea central de sus interlocutores, va también apareciendo el planteamiento de Zubiri.

            La índole formal de la inteligencia, para Zubiri, es actualizar[3]. Para Zubiri la esencia no es algo dado, hay que inquirirla. La reducción husserliana no es más que una operación de la inteligencia concipiente sobre sí misma, desconectada, por decirlo así, de la propia cosa:

                        ´En la medida en que la esencia está realizada ‘en’ la cosa, es ‘de’ ella. Toda esencia es, por su propio ser, esencia ‘de’ la cosa, un momento de ella. El ‘de’ pertenece a la estructura formal de la esencia misma. La esencia es forzosamente ‘esencia-de’´. (SE 31)

 

            Esencia y cosa real, frente a Husserl, forman una unidad. No hay esencia sino esencia de la cosa real[4].

            Si la esencia es algo intrínseco a la cosa. Lo esencial de la cosa vendrá expresado en su verdad. Esta (la verdad) se irá determinando como verdad real[5].

 

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            La exposición de la esencia como concepto formal y como concepto objetivo, le va dando pie a Zubiri para seguir determinando su idea de esencia-realidad, y consiguientemente su idea de una inteligencia no concipiente.

            Haciendo la crítica a «la razón» hegeliana, Zubiri afirma la primacía de la realidad sobre la inteligencia:

                        “...No existe eso que Hegel llama ‘la’ razón, sólo existen razones intrínsecamente distintas. Y mucho menos existe la primacía fundante de la razón sobre la realidad. Porque la diferencia entre los modos de inteligir, esto es, la diferencia de las inteligencias en cuanto intelectivas, depende del modo de realidad física de las inteligencias, esto es, de las inteligencias en cuanto realidades, y a su vez, la diferencia de las inteligencias en cuanto realidad, pende de la diferencia en la índole de las realidades posesoras de dichas inteligencias.[...] En el exordio mismo de la metafísica hay pues, una radical primacía fundante de la realidad sobre el inteligir.”(SE 47)

 

            Ante la supositalidad hegeliana, cuya índole interna consiste en ser automoción (concepto de devenir), Zubiri va a contraponer lo que es para él el momento determinante de la realidad, el ‘prius’.[6]

            Como conclusión a la crítica de la postura de Hegel, nos insinúa Zubiri el posible fondo estructural de inteligencia y realidad. Nos alejamos de la inteligencia concipiente hegeliana:

                         “Al sumergirse en la pura intelección por sí misma, la razón para Hegel sólo se ocupa de sí misma y se ocupa de ella no en cuanto realidad sino en cuanto inteligente, su modo mismo de ocupación es también puramente intelectivo [...]. A pesar de su presunto devenir, la razón en Hegel no hace sino concebirse a sí misma [...] Una cosa son, pues, los conceptos formales, otra la realidad.” (SE 58)

 

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            Los interlocutores de la esencia como concepto objetivo son fundamentalmente Descartes, Leibniz y Kant.

            Zubiri, al hilo de su exposición, sigue explicitando la conceptualización de aquellos términos que van a volver inteligible su noción de esencia.

            Zubiri va a situar su idea de la inteligencia en contraposición a la descrita. Precisamente para ir contrastando con la concepción de estos autores y antes de llegar a Aristóteles, a quien Zubiri entiende que es el gran sistematizador clásico de la inteligencia concipiente:

                        “Si la función de la inteligencia fuera formar conceptos, concebir o idear, entonces todo respecto a la inteligencia respondería sobre el respecto a los conceptos, y la verdad radical de las cosas sería su verdad ontológica. Pero [...] la función formal de la inteligencia no es concebir sino aprehender las cosas reales como reales. Formar conceptos es una función ulterior que reposa sobre esta otra función primaria y que deriva de ella [...].”(SE. 65)

 

            La idea de la esencia como «unidad estructural», es en Zubiri, la afirmación metafísica por excelencia:

                        “Porque aquí no nos preguntamos por la cosa en cuanto posee notas múltiples, sino en cuanto posee una interna unidad estructural, la esencia en efecto, no es una adición de notas compatibles, sino una unidad positiva de la cual aquellas notas no son sino momentos.”(SE 66)

 

            Otra de las afirmaciones claves de Zubiri es la formulación metafísica de la esencia como principio, y por contraposición a <concepto incontradictorio>:

                        “...como posibilidad interna de la cosa, la esencia no es un concepto incontradictorio, sino un principio real de la cosa real en cuanto tal.”(SE 67)

 

            La alusión a la distinción entre objetividad y objetualidad pone de manifiesto el interés de Zubiri por subrayar las limitaciones de una inteligencia concipiente, con independencia del sistema metafísico en cuestión:

                        “...Es que se confunde la ‘objetividad’ de lo concebido en cuanto concebido, con lo que yo llamaría la ‘objetualidad’, esto es, el que algo sea objeto.”(SE 70)...”la objetividad es el momento terminal del concepto, pero en dimensión puramente intencional”.(Se 71)

 

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            Llegados a este punto, Zubiri va a enfrentarse con Aristóteles. Es una confrontación, yo la llamaría frontal en el aspecto de la inteligencia concipiente. La impotencia de la tal inteligencia para mantenerse en sus presupuestos y ver cómo la inteligibilidad de la cosa se le descoyunta en las dos vías del logos y de la physis (cf.SE 82).

            La esencia como unidad metafísica ‘definida’ es una unidad específica (es la idea de esencia en Aristóteles). De ella sólo se ‘benefician’ las cosas que respondan al concepto de sustancia.

            Zubiri contropone la idea de sustantividad a la sustancia aristotélica, sobre todo en su acepción de subjetualidad. Esto es determinante en la metafísica de Zubiri para su conceptualización de la realidad:

                        “Precisamente, para elaborar una teoría de la realidad que no identifique sin más realidad y subjetualidad, es por lo que he introducido una distinción hasta terminológica: a la estructura radical de toda realidad, aunque encubra ésta un momento de subjetualidad, he llamado sustantividad, a diferencia de sustancialidad, propia tan sólo de la realidad en cuanto subjetual. La sustantividad expresa la plenitud de autonomía entitativa [...] Sustantividad y subjetualidad son dos momentos irreductibles de la realidad, y de ellos el momento de sustantividad es anterior al de subjetualidad.”(SE 87)

 

            La encrucijada, o convergencia que llama Zubiri, de las dos vías del logos y la physis va a darnos la clave definitiva de que sea una inteligencia concipiente, no sólo no es la única viable para la inteligibilidad, sino que aun en su expresión ‘más clásica’, también nos aleja definitivamente de la realidad:

                        “Qué es la esencia en sí misma. Para Aristóteles es la especificidad de la sustancia. Llega a ello una vez más por la ‘convergencia’ de las dos vías, la del logos y la de la fisis. Por un lado, la esencia es el correlato real de la definición, por otro, es un momento de la estructura física de la sustancia. Y el presunto punto de ‘convergencia’ sería justamente el momento de especificidad. Ahora bien, pese a las apariencias, este último momento se determina a su vez en función de la definición misma, de suerte que a la postre en el problema de la esencia hay una decisiva preponderancia del logos sobre la fisis.” (SE 88)

 

            Aparece, según Zubiri un dominio del momento de definición sobre el momento físico. Pero lo problemático está en que todo lo esenciable, o mejor lo esencial de toda cosa sea definible.

 

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            El tema de la especie y de la definición nos avoca, a su vez, al tema del individuo y al de la esencia como función estructurante de la realidad sustantiva. En definitiva, al punto de partida de Zubiri desde una inteligencia no concipiente, sino ‘sentiente’.

            La idea de una inteligencia concipiente para el tratamiento metafísico de la realidad supone considerar a ésta en su dimensión de «sujeto». Sujeto de propiedades es una connotación que operativamente conviene a toda realidad física en el cosmos, que al brotar de la physis se constituye como independiente y autónoma (de ahí el origen de la idea de sustancia). Pero esto es sólo una aproximación a la posible consideración más sistemática de la realidad.

            Zubiri va a explicitar una serie de nociones en su propio análisis, que de alguna manera nacen al hilo del contraste con la inteligencia concipiente de la sustancia como unidad radical, y que va a culminar en la distinción, en la realidad humana, entre la idea de sujeto (u¨pokei¿menon) o sub-estante a las propiedades, y la de «supra-estante» (u¨perkei¿menon) o la realidad que está por encima de sus propiedades.

            La realidad para Zubiri es algo dimensionado. Es una unidad que se despliega en notas cuya única existencialidad consiste en ser nota-de un sistema. La inteligencia concipiente supone siempre el sujeto subyacente a cualquier tipo de unidad, sea al modo clásico, de la cosa «en sí», sea en las distintas modalidades de la modernidad, de la cosa «en mí». La idea de sujeto es inevitable.

            La inteligencia zubiriana, en su discurrir sobre la esencia de la cosa va a ir desgranando las nociones claves de su plantemiento metafísico.

            La unidad estructural de lo real es ‘constitución’(cf.SE 142). En la determinación de este concepto: .”Hay que comenzar [...] por discernir cuál es el tipo de notas de la realidad simpliciter.”(SE 135)

            El criterio será, de las notas que una cosa posea hic et nunc, cuáles son momentos de su rico y sólo estar siendo:

                        “...A todas estas notas que forman parte de lo que vulgarmente se llama la índole de una cosa, llamaré notas de tipo constitucional, a diferencia de las otras que son notas de tipo adventicio. Pues bien, la estructura primaria de la cosa es la ‘constitución’. Precisamente por esto es por lo que me decido a dar rango filosófico a este concepto. La constitución así entendida es de carácter ‘físico’ y no lógico, es también rigurosamente individual.”(SE 137)

 

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            Toda la profundidad de esta formulación hay que verla desde una inteligencia sentiente, frontalmente opuesta a una inteligencia concipiente. Físico, como contrapuesto a conceptivo. Individual ‘por sí mismo’, y no como referencia a un supuesto principio de individuación.

            El concepto estricto de constitución lo formula así (los subrayados son míos):

                        “Las unidades no difieren tan sólo por su contenido, sino también por su propio modo de ser unas[...]

                        En toda realidad individual estricta hay una unidad de contenido de sus notas y una unidad meramente numeral, según la cual aquella realidad es irreductiblemente ‘esta’, ‘una’. A esta modulación es a la que llamo determinación interna. Pues bien, la unidad numeral así modulada o determinada es lo que entiendo por constitución: es el modo propio que ‘cada’ cosa tiene de ser ‘esta’, de ser numeralmente una, si se quiere, la índole del ‘ser—unidad’[...]. Así pues, el ‘modo’ intrínseco y propio de ser física e irreductiblemente ‘uno’ es justamente lo que llamo filosóficamente ‘constitución’.”(SE 140)

 

            Con este concepto de constitución vamos ya al carácter formal de la unidad de lo real: .”...la unidad constitucional [...] es unidad primaria [...] cada nota es función de las demás [...] la unidad domina, es un prius respecto de la posesión de cada nota aisladamente considerada.”(SE 143).He aquí un concepto clave (respectividad-actualidad): una determinada estructura que se conceptúa por su unidad (formalmente). A ello denomina Zubiri con la expresión funcional de la ‘posición’ y ello es constitutivo del sistema: .”...pero cada nota está presente en la cosa en y por su función ‘previa’ respecto de las demás [...] Las notas constitucionales, como momentos de una unidad primaria, lo que constituyen es eso que llamamos un ‘sistema’”. (SE 144)

            La noción de sistema como expresión de la unidad primaria nos aboca a una noción clave en la determinación de la cosa real como real, la sustantividad: .”Lo que la constitución constituye es una sustantividad, y la realidad así constituida es una realidad sustantiva [...]. Esta cosa en cuanto sustantiva es el sistema mismo.”(SE 146)

                La sustantividad es un carácter del sistema. La constitución constituye una sustantividad. Así la realidad esenciada realidad simpliciter- será una realidad sustantiva. ¿Cuál es su estructura?. En fórmula apretada: sustantividad, unidad sistemática y posicional:

 

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“Lo formalmente decisivo de la sustantividad no es la originación sino la interdependencia posicional en el sistema, la posición en él. Sólo es formalmente sustantividad la unidad sistemática y posicional de estas notas. Reciprocamente, las notas no son sino actualización física de la suficiencia constitucional de la sustantividad. Y los distintos respectos formales de la suficiencia son justamente las dimensiones. Riqueza, solidez, estar siendo son dimensiones de suficiencia constitucional.”(SE 157)

            La realidad humana es para Zubiri el ámbito donde aparece en toda su ‘existencialidad’ la verdad de esta visión de la realidad, o mejor su actualización.

       En 1969 da Zubiri un curso sobre LOS PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA METAFISICA OCCIDENTAL (PFMO)[7]. En él aborda esta problemática, de qué sea la metafísica y de cómo los conceptos griegos con los que Occidente va a repensar filosóficamente su existencia, digamos que como que se van a ir agotando. Ese agotamiento estaría expresado fundamentalmente por las convulsiones que supuso el cambio desde un horizonte griego, -el de la movilidad-, al de la creación o nihilidad, para la naciente filosofía occidental, y que, en la opinión de Zubiri, llegará hasta los primeros planteamientos de la filosofía fenomenológica en el siglo XX:

“...el elenco de conceptos que el mundo griego nos ha otorgado como posibilidades intelectuales, se va a utilizar para resolver problemas completamente ajenos a la mente griega. Entonces la cosa es enormemente más complicada. El Cristianismo —en definitiva es el que ha constituido la Europa occidental— ha aportado en primera línea más que ideas concretas; para los efectos filosóficos, una nueva idea del mundo y del hombre [...]. Grecia es el organon intelectual con el que Occidente entendió sus problemas propios. De ahí, la ambivalencia radical de la filosofía occidental...” (PFMO 15)

            Esta ambivalencia de la filosofía occidental digamos que va a traer en vilo a nuestro autor y se va a plantear desde su inquietud y en su reflexión acerca de los grandes temas de la metafísica, cuál sea su objeto,

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 intentando buscar aquel carácter que de alguna manera hace presente lo que no puede estar ausente de la tarea del filósofo.

            En la medida que la filosofía trata sobre ultimidades, a parte de lo abstracto de la expresión, no cabe duda que lo último tiene un carácter para la inteligencia, que acaba determinando la índole de ésta.

            A este nivel de elementalidad, para Zubiri la Metafísica es ese tipo de saber que marca el carácter de lo último en la inteligencia. No olvidemos la perspectiva de la oposición zubiriana a una inteligencia concipiente. De ahí que sea al filo de un aspecto muy determinado que Zubiri va a delimitar en qué esté el arranque de lo metafísico en su palpar lo último.

            El modo que tiene de afrontar la inteligencia cualquier objeto lleva consigo un momento que podemos nominar, como de posesión. Esta «posesión» se dice en griego eÁxiV, es el «tener algo agarrado», y que desencadena, o puede desencadenar por ello, una acción determinada, fundamentalmente en el orden de lo cualitativo que caracteriza a la misma.

            Este modo de posesión desencadenante de acciones, crea, a mi entender un ámbito de lo que voy a llamar lo «héxico», en clara distinción con el ámbito érgico o accional, y el ámbito estructural o constitutivo. Propios estos dos de toda realidad en su dinamismo. Así, el ámbito héxico sería expresable unicamente en el dinamismo de las realidades vivas. La inteligencia como realidad viva opera héxicamente (Zubiri dirá que el primer acto de la inteligencia es aprehensión de realidad). Lo importante ahora es precisamente captar este momento de «posesión», captarlo en el significado de su contenido. Este contenido será el objeto de lo metafísico: carácter de ultimidad de la cosa en su poder ser poseída por una inteligencia. A este aspecto o carácter llama Zubiri lo diáfano, en contraste con lo aparentemente menos metafísico -a nivel de carácter o impronta-, lo «obvio»:

 

“Hay cosas que no percibimos, no porque estén ultra, allende las cosas que inmediatamente encontramos, sino justamente al revés: porque son algo que está en toda percepción y en toda cosa [...] no lo percibimos [...] porque carece de esa mínima opacidad necesaria para que el hombre tope con ello. Esa carencia de opacidad es lo que expresa lo diáfano. Precisamente lo diáfano no es obvio, no porque no esté en las cosas, sino porque es demasiado obvio; tan obvio, que en su diafanidad misma no lo percibimos [...] La dificultad radical de la metafísica estriba justamente en eso; en ser la ciencia de lo diáfano; por consiguiente, en ejercitar esa difícil operación que es la visión violenta de lo diáfano.” (PFMO 19)

 

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            Como se aprecia, Zubiri va poniendo la inteligencia al borde de la compresión de lo que sea la cosa: ¿qué hace que la cosa sea cosa para nosotros?: pues justamente ese carácter que Zubiri llama de realidad. La fusión en sentido del con-, entre inteligencia y realidad hace posible, lo que en su obra última va a analizar como «mera actualidad de realidad».

            Pero de momento bástenos con subrayar, con las propias palabras de Zubiri, los momentos constitutivos de esta diafanidad.

            En el panel de exposición zubiriano de lo que sea la metafísica, para nada aparece la necesidad de una inteligencia en cuanto concipiente, como carácter determinante de la cosa, en su primera manifestación de captación de lo real.

            Estos son los momentos de esta diafanidad, entresacados, con las palabras del propio Zubiri:

 

“Diafanidad [...] significa que es algo como un cristal a través del cual vemos el objeto que está al otro lado de lo diáfano. En este sentido, diáfano envuelve el momento de «a través de », transparente. [...] no sólo deja ver, sino que hace ver lo que está del otro lado [...] en una o en otra forma es lo que constituye lo visto [...]. La metafísica es la ciencia de lo más diáfano, y sin embargo, es una investigación difícil.” (PFMO 19-20)

            En una inteligencia concipiente, podríamos decir que por una vía va el inteligir y por otra, -en la vía de realidad-, estarían eso que llamamos cosa, ser, ente, o en definitiva, objeto de la inteligencia.

 

2

Subsistencia e inteligencia:

fondo estructural de la inteligencia como nota.

            En el apartado anterior atisbamos algunas de las nociones de la metafísica de Zubiri. En realidad sólo una idea revoloteó en los análisis indicados: la idea de que la inteligencia en Zubiri es algo muy alejado de la idea tanto clásica como moderna: es decir, que la función primaria de la inteligencia consista en concebir lo dado por los sentidos, o de interpretar la realidad desde conceptos como sustancia, sujeto, etc., surgidos al amparo de una concepción idealista de la realidad.

            Zubiri queda prendido, en el proceso del sentir, de la idea que inteligir es actualidad de realidad en la impresión, o en el sentir humano. De

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ahí que hable de impresión de realidad y que la aprehensión de esa impresión sea propiamente una intelección.

            Ahora, si nos fijamos en lo real de esa realidad llamada intelección, la consideración metafísica de la misma será tomarla como nota constitutiva de una estructura, la humana; y una nota constitutiva, tal vez, la única que nos es dada como tal en eso que Zubiri llama el sentir humano o impresión de realidad. De ahí que siguiendo el símil ( sólo como símil) de la definición aristotélica, de «animal racional», describa Zubiri al hombre como «animal de realidades».

            En su obra de «Sobre la Esencia», nos habla de esencias cerradas y esencias abiertas. De estas últimas sólo tenemos experiencia de la humana y ello por la nota de inteligencia (Cf.SE 500 y ss.).

            En un curso que da sobre la persona en 1959[8], Zubiri sitúa metafísicamente en el ámbito de lo que sea la persona, a la inteligencia como nota constitutiva, y su función en la estructura metafísica humana. Toda realidad subsiste por la propia capacidad que tiene de poseerse así misma, ‘que sea propiedad de sí misma en sentido formal y reduplicativo’. Por aquí se va constituyendo el orden de la realidad. La realidad humana tiene así una nota por la que es ‘de suyo’: “Aquello por lo que se subsiste es formalmente la inteligencia. La inteligencia, en efecto, es la estructura radical que el hombre posee, en virtud de la cual se enfrenta —o al menos puede enfrentarse en principio— con el resto de la realidad y hasta con su propia realidad.”(SH 118)

            No vamos a entrar en el análisis del texto. Baste reforzar la afirmación de Zubiri, de que la inteligencia es nota estructural de una esencia abierta. Abierta precisamente por el momento transcendental de la tal nota que en su apertura hace presente la realidad en su formalidad.

Del momento de clausura sobre sí misma, del de totalidad como de suyo, y del modo abierto como es poseida por la persona humana, pende que la inteligencia se convierta en «la posición» de la realidad.

            Volviendo al curso de 1959, quiero reforzar lo dicho con el texto siguiente: “...La inteligencia es un elemento formal de la subsistencia como propiedad transcendental de la realidad [...]. La realidad dotada de inteligencia es la única realidad que, como tipo de realidad, es perfectamente subsistente, porque es la única que cumple la triple condición de ser clausurada, de ser total, y de ser una esencia que se posee a sí misma en forma de esencia abierta.” (SH 120)

 

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            Retomando el curso sobre «Los Problemas de la Metafísica Occidental»(PFMO), insiste Zubiri en la necesidad, frente a la inteligencia como concipiente, de partir de una nueva idea de inteligencia que ponga de manifiesto eso que para él es algo axiomático, de lo diáfano como el ámbito donde se descubre lo transcendental:

 

“No basta lo diáfano para que haya intelección y para que haya visión. hace falta algo elemental —desgraciadamente suele olvidarse—, hacen falta ojos para verlo. Sin esto no habría posibilidad de diafanidad ni de intelección de la diafanidad; es decir, hace falta una idea de la inteligencia.”(PFMO 28)

            Para Zubiri la diafanidad es la unidad entre la inteligencia y la claridad de la cosa. Hay una determinación de la inteligencia desde la cosa. Diríamos que la función intelectual surge de la «influencia» de las cosas. Zubiri habla de un arrastre. En ese poseerse de cosas e inteligencia se crea eso que yo entiendo que es lo «héxico», y que hemos de ver que constituye el ámbito metafísico de la inteligibilidad y que abarca todo lo que en Zubiri lleva el nombre del ‘orbe de la inteligencia y la intelección’:

“La inteligencia sin cosas no podría tener su función intelectual. La inteligencia es «misma» con las cosas en cuanto «desde» ellas se constituye la intelección. La inteligencia tiene su función intelectual en tanto en cuanto está llevada desde las cosas, es decir, desde su diafanidad. La unidad intrínseca entre la inteligencia y las cosas es la propia diafanidad, la propia transcendentalidad[9]. En tanto en cuanto las cosas no solamente toleran, sino que importan y arrastran hacia su transcendentalidad, constituyen  precisamente el orbe de la inteligencia y de la intelección[10].” (PFMO 28)

            En el ámbito del sentir Zubiri encuentra, en la impresión, la presencia de la intelección. No es la intuición con su contenido elemental quien nos descubre la presencia de lo intelectivo.

            En los textos siguientes, a propósito de la descripción de la intuición kantiana, se puede apreciar la expresión de «poseer», que constituye a mi entender, la presencia de lo héxico, algo parecido al  «schema» de Aristóteles. Como se aprecia también en los textos citados a continuación, Zubiri va sacando las notas constitutivas de esa impresión.

 

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[...] Es que la impresión no sólo es afección, sino una afección tal que en ella se me hace presente un término (aquello que me afecta), se me hace presente la «alteridad» [...] ningún contenido está presente en la sensibilidad si no es en un modo previo de enfrentarse con la cosa.”(PFMO 331)

            Esta alteridad, en el caso del hombre, es precisamente la realidad, objeto último de la filosofía de Zubiri:

“A este momento de alteridad, que es propio y específico del hombre, es al que he llamado impresión de realidad.(PFMO 332)...

[...] lo cierto es que las impresiones sensibles nos presentan la alteridad en forma de realidad.”(PFMO 333)

            De ahí que La índole formal de la intelección no sea la idea que arranca de Aristóteles, de que inteligir consista formalmente en concebir y juzgar.

            En el pensamiento de Zubiri el primer análisis se hará siempre «al paso» del proceso del sentir. De ahí la importancia de estos textos que pertenecen a sus cursos de corte puramente metafísico y donde aparece de una manera explícita la inteligencia como «modo de haberse», formulación zubiriana de la «héxis» y que está presente en todos sus análisis sobre la Inteligencia Sentiente:

“...la inteligencia comienza a entrar en función cuando el hombre tiene que suspender sus respuestas adecuadas en el orden de las puras estimulaciones; entonces actúa esa función que llamo «hacerse cargo de la realidad», que es justamente el orto de la inteligencia [...]

Lo propio de la inteligencia no es concebir y juzgar, sino habérselas con las cosas como realidad, aprehenderlas como realidad. Sólo entonces puede conducir también a concebir y juzgar.” (PFMO 334)

            Eso que hace que las cosas queden claras para la inteligencia -en la mente de Zubiri-, constituye lo diáfano como objeto de la metafísica.

            Ahora, la metafísica propiamente trata de lo transcendental. Para Zubiri hay una adecuación entre lo diáfano y lo transcendental. Esta estructura de la diafanidad es lo que va dando a la metafísica su contenido sistemático. Es la tarea de la metafísica desde una razón sentiente:

 

“...la diafanidad de lo transcendental es lo que determina la inteligencia, y por consiguiente, la estructura misma de esa diafanidad transcenden

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tal es la que constituye el supremo momento problemático de la filosofía, de la metafísica.” (PFMO 32)

            El modo cómo en esa impresión de realidad está presente lo transcendental: lo trasncendental está presente de un modo físico. Ese algo físico es presencia de algo «que hace», en sentido constitutivo:

“...el orden transcendental no es un problema de conceptos, ni subjetivos ni objetivos, sino que es un momento físico de la realidad, todo lo «formal» que se quiera, pero real efectivamente en ellos.”(PFMO 345)

            Vista así la cuestión de la transcendentalidad, la inteligencia sentiente es la «sede» de lo transcendental «del mundo y de la realidad»:

“Es en esa intelección sentiente donde debe afincar el pensamiento filosófico, donde deben explayarse los caracteres del orden transcendental, y donde deben medirse los conceptos que constituyen el sistema de la metafísica. Por eso, la inteligencia sentiente es aquel elemento primario en que está instalada la consideración transcendental del mundo y de la realidad.”(PFMO 345)

            La razón para Zubiri es intelección en marcha. Búsqueda de lo real de la realidad en cuanto realidad. Fue su última tarea investigativa. De aquí que es importante en este momento traer a primer plano ese momento direccional de la razón.

Esta direccionalidad parte del campo de realidad, ámbito del logos sentiente. Hay en la dirección de la razón un «desde» y un «para». En este «desde» (el campo de realidad) y en el «para» una intelección mundanal, confluyen, para Zubiri, los datos radicales del pensar en razón.

            El dar que pensar pertence en realidad a lo constitutivo metafísico de la cosa, es la presencia de lo «héxico», de lo poseido en actualidad campal. Lo que es dato es la realidad campal en cuanto abierta, y eso es lo que da que pensar, y ese dar es lo activante de la intelección racional.

 

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La idea de lo diáfano en la Metafísica de Zubiri

 

            Como hemos visto anteriormente, esta noción de lo diáfano, tenía en Zubiri tres momentos[11] sugerentes para entender su idea de lo metafísico. La idea de lo transparente, por el efecto del «a través de», en la metáfora del espejo que deja ver. El efecto a su vez de «hacer ver», y consiguientemente el hecho de su influencia en la constitución de «lo visto».

            Estos análisis son posibles y se hacen en el ámbito de lo que entendemos normalmente por la acción de las cosas. Zubiri en su  proceder analítico sobre la realidad parte siempre de que la actividad pensante se va determinando por la unidad de acción, por la unidad originada por el modo de haberse, o habitud (nivel sólo posible en los seres vivos), y por la unidad apoyada en las construciones de la razón, o nivel estructural. Como hemos de comprobar, sobre este triple nivel se ha de ir volcando lo que Zubiri llama «la videncia de la claridad» (cf.PFMO 21)

            Es la vía de la realidad para Zubiri, a la manera de como lo fue para Paraménides la vía del to on.

Lo transcendental para Zubiri está precisamente ahí, «en» la oculta presencia de lo dia-fano: “De este momento de claridad decimos que es transcendental [...], como transcendental dentro de cada cosa y como envolvente de todas ellas, lo diáfano es constitutiva y formalmente transcendental. Di¿a fa¿neia, diafanidad es justamente transcendentalidad. Pues bien, ir a lo diáfano es la marcha de la filosofía: es la marcha hacia lo transcendental, en el sentido referido. Y esto es metafísica [...] la transcendentalidad es la definición de la metafísica.” (PFMO 21)

            Zubiri intenta poner de manifiesto que de alguna manera esta idea de lo metafísico tiene su presencia en la tradición más clásica. De ahí el texto que sigue donde pone en paralelo dos citas, una de Aristóteles y otra de San Buenaventura: Met. 993 b 9-11, y Itinerarium mentis in Deum, cap.V, n.4. El texto de San Buenaventura habla de estar ‘habituados a las tinieblas de los entes y de las imágenes sensibles’. Zubiri va a ver por aquí un momento de violencia en esto de la diafanidad. San Buenaventura piensa en la presencia de Dios en el mundo, pero lo curioso es que ‘plagia’ las palabras de Aristóteles, cambiándolas de contenido. He aquí la reflexión de Zubiri:

 

p.31

“Así, las manifestissimae naturae, ta¿ fu¿sei fanerw¿tata pa¿ntwn de Aristóteles, se traducen en la luz del ser supremo, a la luz de Dios. Pues bien; la violencia de que hablamos no es ofuscación. Porque la metafísica no es formalmente una investigación acerca de Dios [...] la violencia consiste precisamente en tratar de ver la claridad, pero sin salirnos de la claridad misma.” (PFMO 23)

            La insistencia en la idea de violencia, tal como Zubiri la describe, nos lleva a no salir de la propia claridad e intentar así descubrir aquello en qué consista la cosa:

“La metafísica no pretende sacarnos de las cosas, sino retenernos en ellas para hacernos ver lo diáfano, que no es obvio porque no esté  en las cosas, sino porque es lo más obvio de ellas [...] nada más diáfano que la metafísica [...]. La metafísica es radical y última visión de lo diáfano [...] son ellas [las cosas] las que efectivamente tienen este momento intrínseco de diafanidad que les pertenece.” (PFMO 24)

            Insistiendo en lo diáfano, fija el aspecto que corresponde a la metafísica como tal: «la ultimidad».

            La aprehensión de la diafanidad, constituye para Zubiri la idea de principio y corresponde al concepto de «fundamental», dentro de su análisis de lo que es la metafísica. Junto a ello, la idea de la inteligencia se impone de una manera inmediata.

            Las nociones de irrealidad, intencionalidad y objetualidad, en la metafísica de Zubiri se inscriben en el ámbito de la retención.

            En el ámbito de lo «héxico» o habitudinal, es el modo de haberse que tiene la inteligencia con lo «diáfano» de las cosas. Son momentos sentientes que en la Trilogía sobre la Inteligencia analiza Zubiri puntualmente, y que nosotros hemos de ver en su momento.

            En el marco del análisis de lo diáfano, me interesa constatar que a la altura de 1953, en un curso que Zubiri da sobre el Hombre, ya aparecen estas nociones con valor metafísico.

            En nuestro proceso del trato con las cosas, el «de suyo» hace que vayamos de una situación a otra. Esta especie de ajetreo en busca de la idea de la cosa, curiosamente marca el interés de Zubiri, y ve en ello la presencia de la irrealidad, fruto por decirlo así, de ese modo de haberse la realidad humana con las cosas en su presentarse afectante: “Al lanzarnos las cosas de un primer estado orlan con un no mi atenimiento a la realidad. Este ‘no’ afecta a la realidad física de la situación anterior. Por tanto nos encontramos en un no de realidad, es decir, en lo irreal.” (SH 646)