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CUARTA  PARTE:

 

                        LA HABITUD Y LAS ESTRUCTURAS

                                                 HUMANAS

 

 

 

            Entre la obra de «Sobre la Esencia»[7] y la de «Estructura dinámica de la realidad»[8], escribe Zubiri un breve artículo en la revista Asclepio, nn.18-19 (1968-69), sobre la Inteligencia humana[9]. Curiosamente comienza llamando «saber», al modo que tiene el hombre de habérselas con las cosas. En algún momento habría que decir que para Zubiri el que la inteligencia sea una habitud, constituye la expresión más cercana a su «mentalidad» filosófica; (prácticamente es la misma idea con la que comienza la Trilogía, doce años después. De hecho este artículo es como un preámbulo situacional de la investigación -"estas fugaces notas no pretenden entrar en el problema estructural de la inteligencia humana sino tan sólo acotar el fenómeno para esa ulterior investigación"-):

                        "El hombre tiene que habérselas con eso que llamamos cosas reales. Necesita, en efecto, saber, lo que son las cosas o las situaciones en que se encuentra. Sin compromiso ulterior, llamamos inteligencia a la actividad humana que procura este «saber». El vocablo designa aquí no una facultad

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                        sino una serie de actos o actividades. Es decir tomamos «inteligencia» no kata¿ du¿namin sino kaq´e©ne¿rgeian" (NIH 101)

 

            El modo de presencia de las cosas, como condición para la intelección, es determinante de la habitud:

                        "...es menester que las cosas reales nos estén presentes en un modo especial de enfrentarnos con ellas. En este sentido, las cosas reales no nos están presentes, sino desde nosotros mismos, es decir, según un modo nuestro de enfrentarnos con ellas." (NIH 101)

 

            Lo sensible para Zubiri, al revés que para Aristóteles, «afecta» constitutivamente a la inteligencia. Para Aristóteles, la inteligencia (nou¿V) es algo impasible (a¦paqh¿V): sentir e inteligir emergen de facultades distintas. Aristóteles no fija el momento de alteridad como dado en el dato sensible. Y de hecho en la filosofía moderna se insiste en reducir el momento de la impresión sensible a la afección. Diríamos que aquí está para Zubiri el punto de inflexión de un planteamiento metafísico:

                        "Porque el ser afección no agota la esencia de la impresión. Ya desde siglos atrás se había visto que en la afección de la impresión nos es presente aquello que nos afecta. Este momento de alteridad en afección es la esencia completa de la impresión. Por esto las impresiones no son meramente afecciones subjetivas. Y por eso también, lo sensible es a una un dato de la realidad y un dato para la intelección de lo real." (NIH 105)

 

            De ahí que tengamos que ir a la raíz en el acotamiento de lo sensible. No es un dato para el conocimiento (a la manera de los neokantianos, p.e. Cohen[10]). Hay que ir a la 'posición', a la índole de lo sensible mismo:

                        "La función de lo sensible no es plantear un problema a la inteligencia, sino ser la primaria vía de acceso a la realidad [...] Lo sentido es dato de realidad. Y entonces se plantea inexorablemente la cuestión de en qué consiste el carácter de estos datos, esto es, cuál es la estructura esencial de la sensibilidad humana." (NIH 103)

 

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 1 Habitud y Sentir

 

            Lo constitutivo de la habitud se pondrá de manifiesto desde el desarrollo del sentir. Hay aquí una 'progresión' hasta la inteligencia sentiente. La habitud pende del sentir, de su modo de estar o quedar el animal en los procesos de estimulación. Esto es muy sutil, importante, y pienso que el mérito de Zubiri ha estado en saber elevarlo a nivel filosófico.

            En la consideración biológica de un organismo pluricelular aparece una especie de progresión desde lo que podemos llamar la posesión del propio estado en equilibrio vital, hasta la centralización del sentir a niveles cerebrales en los animales superiores y especialmente en el hombre. Cuanta más centralización aparece, más nos acercamos a eso que Zubiri llama el «me» 'que tenemos los hombres' (EDR 181).

            Este «me» es expresión de la formalización. La funcionalidad de las acciones va haciendo posible la actualidad de esta formalidad, expresión a su vez del equilibrio dinámico de los organismos vivos:

                        'La formalización exige la conducta para su propia estabilidad, y recíprocamente hace posible la riqueza en que se inscribe el psiquismo del animal. En esto se funda la unidad intrínseca entre estabilidad y creación en la vida.'(EDR 183)

 

            Esta formalización es un estado que responde a la capacidad de enfrentamiento que va acumulando -por decirlo así-, el animal para funcionalizar sus estructuras vitales:

                        '[...] todo ser vivo [...] además de tener unas funciones específicamente determinadas, tiene, justamente en virtud de sus estructuras, lo que yo he llamado la formalización de esas acciones, de la manera como se presentan en el medio.'(EDR 182)

 

            De aquí la importancia del análisis del sentir desde esta perspectiva de la formalidad que constituye ese modo de haberse.           Vamos a tomar el análisis del sentir al paso del sentir humano.

            Los momentos que configuran el sentir: suscitación-movimiento tónico-respuesta, tienen un tipo de unidad tal que el hombre, en virtud de lo que le estimula, queda en un estado distinto del de la mera estimulación: siente el estímulo, pero «se»[11]siente a sí mismo estimulado. Lo estimulante queda como algo en propio respecto a la fruición que el hombre

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siente de y en sí mismo. Digamos que se quiebra la unidad clausurada de los tres momentos, y el hombre necesita inventar sus respuestas para restablecer el equilibrio vital[12].

            La invención de respuesta supone todo un proceso vital del que va a depender el bienestar (y por supuesto la viabilidad) del animal humano.

            Pero antes de comenzar su análisis, es necesario hacer una serie de consideraciones sobre algo que es típico de todo animal y que en el caso del hombre es decisivo. Nos referimos a la habitud o enfrentamiento:

                        "La mera carencia del acto de visión no sirve para distinguir un topo de un perro ciego. A este modo de habérselas con las cosas es a lo que llamo habitud."

                        (SH 18)[13]

 

            El modo de haberse con las cosas: (subyace a toda acción animal) es lo que hace posible toda acción de suscitación y respuesta.

            Por esta habitud: las cosas —y el viviente—, quedan ante éste en un carácter primario —propio de ellas—, y que las califica primariamente. Este aspecto:

            Las cosas y el viviente mismo no actúan ni suscitan, tan sólo 'quedan' en cierto respecto para el viviente (puramente estimúlico, o de realidad estimulante).

            Hacerse presentes desde sí mismas, en el sentido preciso de: el mero estar presentes desde sí mismas.

            Este mero estar es algo real: no conviene a las notas o caracteres de las cosas. Por estar presentes, las cosas no adquieren o pierden cualidades. Son puro 'quedar', son actualización.

            El carácter de las cosas así actualizado en el respecto de la habitud, es formalidad. El carácter de la actualización de la cosa: es el modo de quedar la cosa que afecta y en cuanto que afecta.

            La habitud hace posible que las cosas entre las que está el viviente constituyan en su totalidad el medio:

            Dos dimensiones: el mero 'entorno' propio de toda cosa. El medio, formado por las cosas que pueden actuar sobre el viviente, y con las que éste puede «enfrentarse»: el medio se halla constituido por el modo de estar presentes las cosas en el enfrentamiento; por el tipo de formalidad.

 

 

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            El enfrentamiento animal: es enfrentamiento en impresión. Tiene dos momentos: el momento de 'pathos' y el momento de 'alteridad': se hace presente algo otro para el animal. Por este momento, la impresión es presentación, actualización impresiva de algo objetivo, es estímulo: lo objetivo de la impresión es algo 'estimulante' intrínsecamente ordenado a una respuesta.

            El animal tiene que habérselas con la impresión estimulante de un modo especial: modo estimúlico, no ser más que estimulante[14]. El estímulo, ordenado intrínsecamente a una respuesta (lo estimulante). Lo 'objetivo' se agota en estar estimulando, suscitando.

            Así la formalidad de estimulidad, es la unidad de tres momentos: lo objetivo en la impresión, lo estimulante, lo estimúlico. La cosa consiste sólo en estimular. Las cosas 'quedan' para el animal en ese respecto o formalidad, es estimulidad: estimulidad equivale a sentibilidad.

            La habitud según la cual el animal se enfrenta con las cosas sentibles es lo que constituye la sensibilidad. La sentibilidad es el correlato formal de la habitud de la sensibilidad.

            El hombre es capaz de un enfrentamiento real: ¿en qué consiste?[15]. Las cosas 'quedan' no como estímulos, sino como realidades. El término propio de esta habitud es la formalidad de realidad.

            En el determinar lo que sea la realidad, Zubiri entiende que hay que poner de manifiesto la presencia del estímulo, ya que el hombre lo capta como realidad estimulante, es decir 'como algo que emerge de aquello que nos está estimulando, y que le pertenece en propio a aquello que nos estimula'(EDR 29). Estamos ante el momento del «de suyo». De ahí que Zubiri insista en que hay que disociar claramente el concepto de realidad como «de suyo», del concepto de existencia. Esta postura va a distanciar a Zubiri del resto de los planteamientos metafísicos de la tradición (cf.SH 334-335).

            Del comportamiento vamos al modo de enfrentamiento o índole del animal, y desde esta situación, al análisis de lo estructural.

            El viviente está entre las cosas: colocado y situado.

La actuación de las cosas sobre el viviente modifican su 'estado', i.d. su tonicidad.

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            La respuesta del viviente supone pasar de un estado a otro estado. En este continuo pasar consiste la actividad del ser vivo.

            Suscitación:"momento según el cual las cosas modifican el estado vital y mueven a una acción".

            Afección: momento por el que el tono vital del viviente queda alterado..."Esta afección es una tensión hacia una respuesta adecuada, la cual deja al viviente en un nuevo estado". (SH 11)

            Así este estado: es un equilibrio dinámico...reversible: "la respuesta efectora restablece el equilibrio alterado por la suscitación"...Y modificable: "en muchos casos, la respuesta modifica por ampliación o retracción, y en todo caso por modulación, el ámbito de la actividad vital en que el viviente consiste". (SH 12)

                        "El concepto de estado [...] es un concepto límite, porque el viviente jamás 'está' en un estado, sino que va recibiendo continuas suscitaciones, se halla siempre 'iendo' de un estado a otro."(SH 13)

 

            La actividad del viviente, que vamos a llamar comportamiento (unidad de los momentos de suscitación, afección y respuesta), tiene como dos vertientes. Por una parte este comportamiento muestra al viviente más o menos independiente de las cosas y con el consiguiente control sobre ellas. Y por otra parte, es una actividad "que va dirigida hacia sí mismo [...] vivir es autoposeerse".(SH 12).

            Hay una auténtica mediatización en el trato con las cosas. La característica fundamental de esta actividad, llamada comportamiento, es el ser algo procesual: el animal deja de estar en un estado para pasar a otro estado. Y este pasar no es una mera decurrencia, sino que se da un verdadero cambio de estados.

            La estructura de este comportamiento, cuyo esquema es el de suscitación—afección—respuesta, tiene distintos modos según se trate de los animales o del hombre. Para entender esta diferencia, hay que determinar con exactitud qué sea sentir.

            Desde el punto de vista estructural, sentir "es la liberación biológica de la estimulación"(SH 13). Esta formulación nos da pie para reproducir los momentos de la estimulación: hay un momento de susceptibilidad que responde a la estimulación de todo ser vivo. El momento de sentiscencia o sensibilidad difusa, responde al tipo de estimulidad de todo organismo, por distinguirla de la sensibilidad propiamente tal, que responde al sentir de los animales en virtud de su menor o mayor grado de centralización (cerebral).

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            Si el estímulo es todo aquello que suscita en el animal una respuesta, así se vertebran los momentos del comportamiento respecto de lo estimulante.

            Esos tres momentos, suscitación—afección—respuesta, "los tres están unitariamente inscritos en el 'estímulo', bien que en forma distinta en cada uno de ellos. En el momento aprehensor, el estímulo es lo suscitante: es 'estimulación'. En el momento de afección tónica es, si se me permite el vocablo, 'incitación'. En el momento de respuesta, la estimulación es 'efección' estimulada.  Por tanto, aprehensión, afección y respuesta no son tres acciones sucesivas, sino tres momentos cualitativamente diversos de una acción única y indivisa: 'comportarse estimúlicamente'. Esta acción única es lo que llamo sentir". (SH.14)[16]

            La vida del animal culmina así en un grado determinado de satisfacción: "no se siente satisfecho, pero siente satisfacción" (SH 15). El animal tiende a mantenerse en satisfacción. Es lo más parecido a un estado, a un quedar, una especie de circuito cerrado de accionalidad estimúlica.

            'Realidad' designa la manera cómo el objeto 'queda' en el enfrentamiento humano..., por ello es una manera de 'quedar', mera actualidad[17]. Se trata pues, de las cosas en su manera de quedar en mi aprehensión. (En el animal no se 'distingue' el modo de quedar, de la respuesta; falta de formalización).

            Distinta manera de quedar. Actualidad de: lo que primariamente aprehendemos es justamente estímulo en cuanto tal, lo aprehendido va intrínsecamente ordenado a una respuesta, es estimulante.

Pero lo estimulante no está aprehendido 'estimulicamente', o lo que es lo mismo, formalmente ordenado a la respuesta en la aprehensión.

En el estímulo se aprehende ahora su contenido estimulante como algo, que estimulado, pertenece 'en propio' al estímulo. El calor calienta 'siendo' caliente: (así 'queda' en mi aprehensión) 'en propio', es 'ya': (por eso es por lo que estimula), es 'antes' de estar estimulando y precisamente para poder estimular. El momento este del 'prius', prius de formalidad; momento físico: momento físico de lo aprehendido. De ahí, esta formalidad remite —dentro de la realidad estimulante misma—, desde su momento 'estimulante' al momento de su 'realidad'.

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            En la realidad estimulante se transciende desde el momento 'estimulante' al momento 'real' (esté o no esté estimulando). Es un momento de lo aprehendido mismo en el acto aprehensor (cf.SH 25).

            TRANSCIENDE (dentro de la aprehensión y sin salirnos de ella) desde lo que tiene de estimulante a lo que tiene de realidad[18].

            Esta formalidad de realidad está constituida por la unidad intrínseca y formal de estos tres caracteres: —actualidad—en propio—prius. Esto es lo que constituye el 'de suyo', el modo cómo lo aprehendido queda en la aprehensión.

            'De suyo', expresión y conceptuación unitaria de esos tres momentos: —actualidad—en propio—prius.

            Las cosas nos están presentes como 'de suyo'. Realidad es el 'de suyo'. Lo que no es realidad: mero correlato de un modo de aprehensión. Lo que es realidad: apertura a lo que las cosas son 'de suyo'.

            Esta transcendencia (apertura) es una remisión desde su actualidad intelectiva (desde ser actual en la intelección), a ser real, a ser 'de suyo'[19]. Esta remisión no es: un acto de inteligencia. Esta remisión es: un acto de la cosa en la inteligencia. (En eso consiste la cosa como realidad:—modo de quedar)[20].

 

1.1. La inteligencia como habitud de realidad.

            Un acto en que la cosa no 'actúa', pero que se actualiza desde sí misma, es lo 'actual'; 'de suyo' es la aprehensión de la cosa como realidad[21].

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            Apretando el concepto de 'Realidad': es momento que pertenece formalmente a la aprehensión en su primigenia inmediatez. Es formalidad 'física' de lo estimulante. Por el momento del prius (independencia, pero no mera objetividad), todo 'de suyo' es independiente; pero la inversa no es verdad.

            Ser 'de suyo' no significa 'fuera' de la aprehensión. Transcender (por el 'en propio') —no transcender de la aprehensión—, sino en la aprehensión. De ahí, sin salirnos del estímulo (impresión, como matiza en la Trilogía), éste, por ser algo 'de suyo', no sólo transciende en la aprehensión desde su carácter estimulante a su carácter real, sino que remite eo ipso por ser real, a cuanto 'de suyo' es realidad[22]. Esta remisión es 'instalación' física, primaria y primigenia en el campo entero (mundo) de la realidad (cf. SH 26).

            ESTAMOS físicamente remitidos a 'la' realidad por y en la realidad misma del estímulo.

            Si la habitud según la cual el animal se enfrenta con la estimulidad es sensibilidad, la habitud según la cual el hombre se enfrenta con la realidad[23] es INTELIGENCIA (la inteligencia surge por más actualidad de realidad: el dinamismo de este «más»).

            El acto radical de la intelección: sólo aprehendiendo las cosas como realidades, es como la inteligencia ejecuta actos de concebir, juzgar, etc., actos a que le fuerza la realidad misma de las cosas.

            La aprehensión de las cosas como realidad es el acto elemental de toda actividad intelectual. Pero en realidad no es un acto, sino una habitud: concebir, juzgar, proyectar, etc. son actos de comportamiento intelectual[24].

            Aprehender las cosas como realidad, es enfrentamiento: es la habitud subyacente a todos aquellos actos[25]. Este aprehender las cosas como realidad es un acto exclusivo de la inteligencia. Por muchas complicaciones que pueda presen

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tar lo estimúlico, siempre sería algo que formalmente consiste en suscitar una respuesta, jamás será formalmente algo que es 'de suyo'[26]. (cf.SH 27)

            Es el acto radical de la inteligencia: la aprehensión de algo como real. Es el punto preciso en que surge la intelección en cuanto tal[27].

            En el hombre, la organización funcional es tal que el elenco de posibilidades de respuesta adecuada a la suscitación, no queda siempre asegurado por su organización funcional: el hombre es animal hiperformalizado, De aquí que suspende la respuesta (mantiene la estimulación), y 'se hace cargo de la realidad': aprehende los estímulos como algo 'de suyo'. Es el orto de la intelección.

            La primera función de la inteligencia es estrictamente biológica: suspender el modo estimúlico de sentirse estimulado..., es el acto formal de la inteligencia.

            La esencia de la intelección es mera 'presentación'. Presentación física, no meramente intencional, ni correlato noemático de una noesis. No es un acto de noesis. Sino estricta noergia, y el ergon de este acto físico es actualización. Este acto es producir el mero 'quedar' de las cosas como realidades, como algo 'de suyo'.(cf. SH 29)

            DENTRO ya de la realidad, el conocimiento se mueve en la intelección, esto es, en el 'dato-de' realidad. Y esto (el conocimiento) es un proceso: el 'dato-de' justo por su insuficiencia, queda transformado en 'dato-para' más intelección de realidad (i.d. más actualización), (de aquí, reactualización)[28].      Determinar en cada caso la estructura concreta de el 'de suyo', es la tarea del conocimiento, (es la marcha de la razón). (Marcha estructurante,...construcción).

¿CUAL ES LA INDOLE propia de este acto primero y decisivo de la intelección?:

            Inteligencia sentiente. El asunto surge porque en el hombre se dan las dos habitudes: tiene sensibilidad y también inteligencia. Para entender su unidad, hay que tener en cuenta que son irreductibles en el modo de habérselas en la estimulación misma[29]: el momento de estimulación envuelve formal y necesariamente el 'de suyo'. En su física inmediatez tiene el prius.

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De ahí, impresión de realidad. La realidad y no sólo lo que en cada caso es real, está actualizada en la aprehensión impresivamente. Acto aprehensor de una Inteligencia sentiente: habitud radical propiamente humana.

 

1.2. La héxis como autoposesión

            La expresión zubiriana de autoposesión, responde efectivamente al significado de la «héxis»  como «posesión», como el dar de sí en el hombre. En el ámbito del dar de sí, la habitud radicaría en el sí del «dar de sí». Y no es un juego de palabras. Es la expresión del «de suyo» en su grado máximo posible de intimidad como dinamismo. Tal vez Aristóteles no quiso expresar otra realidad con su noesis noeseos, y que como sabemos, Hegel al final de su Enciclopedia de las Ciencias, reproduce para ejemplificar su última idea: "La idea eterna en sí y por sí, se actúa, se produce y se goza a sí misma eternamente como espíritu absoluto"[30]. Zubiri lo expresa desde los parámetros de su idea de la «actualidad»:

 

                        'Ahora bien, realidad consiste en ser de suyo. Y en este ser de suyo se constituye precisamente el «sí» en que consiste justamente el dar de sí propio de un dinamismo.'(EDR 184)

 

                        'Poseerse no significa tener una acción reflexiva; significa simplemente que la totalidad del ser de uno vaya normalmente envuelta en las actividades que desarrolla para ser el mismo que ya era. La mismidad es esencial y formalmente un acto de poseerse.'

                        (EDR 185)

 

            En Zubiri ese autós es precisamente un principio de la vida, es modo de posesión constitutivo, es ser siempre el mismo. Zubiri dice que es una mismidad rigurosamente hablando dinámica (cf.EDR 193). Toda la actividad vital está en función de este sedimento o modo de haberse que en su dimensión constitucional tiene como término (si así se puede hablar), la configuración de la propia mismidad:

                        'Ciertamente hay un movimiento quiescente en la vida, pero es porque la vida es el movimiento de un algo que  estructuralmente es «sí mismo» y que precisamente por serlo puede conferir ese carácter de mismidad,

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                        y ese carácter de quiescencia a los movimientos vitales. El sí mismo, el a©uto¿V, no es resultado de la vida sino un principio de ella.'(EDR 192)

 

            La actividad del ser vivo, ya en nuestro caso, del animal humano, se desarrolla en un medio muy determinado y que afecta a su propia intimidad. Hay que afirmar con Zubiri que este poseerse a sí mismo consiste en 'ejecutar formalmente su mismidad'(EDR 199). Sería el máximo grado de habitud que brota precisamente de la estructuras de una sustantividad lograda:

                        'Vivir [...] no es cambiar, sino devenir, dar de sí, en el sentido más estricto del vocablo [...]

                        efectivamente a lo largo de la escala zoológica, de la escala biológica, vamos viéndose construir un mayor de suyo y con ello, por consiguiente, una mayor sustantividad.' (EDR 200)

 

            Eso que llamamos habitud como modo de haberse, puede concretarse en un modo de dar de sí, es lo radical de esta categoría en los seres vivos. La característica del ser vivo, a medida que va dando de sí en la escala zoológica, dice Zubiri, 'se aproxima a lo que es la sustantividad real y efectiva [...], a la independencia plenaria respecto del medio, y al control específico sobre él'(EDR 201).

            En el hombre este «dar de sí» constituye (vamos a decirlo así), un «de suyo» que se hace a sí mismo; es la constitución de la mismidad, estamos en lo que Zubiri llama la esencia abierta (cf.EDR 204). Es la perspectiva de lo estructural de la vida humana.

                La visión directa, por decirlo así, de la realidad humana, su posición como realidad desde una inteligencia sentiente nos hará comprender desde dentro, esto que sea la habitud. El ámbito héxico, es ámbito de realidad, es algo «de suyo».

            El sentir humano tiene un ámbito muy concreto. Nuestro modo de habernos con las cosas tiene una dimensión digamos social, que es determinante de lo que hasta ahora hemos descrito nocionalmente[31].   La versión a los demás es algo tan físico que basta observar el desarrollo del niño en los primeros meses para ver cómo los otros influyen de una manera decisiva en nuestro llegar a ser:

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'el niño, como otros animales, se encuentra primariamente vertido a algo, que es madre o hace sus veces, de donde el animal humano va a cobrar su nutrición y en lo que va a encontrar su amparo [...] Aquí está inscrito el fenómeno radical del encuentro con los demás'(SH 235).

            En la medida que los demás van fijando el elenco de posibilidades en el manejo de mis habilidades: es el orto de lo real en nuestra propia unidad de actualización intelectual. Sería nuestra primera idea de mundo como unidad de lo real en cuanto real. A unos niveles muy elementales, tan elementales como es la subsistencia biológica, pero ahí está. La idea de Zubiri al respecto es clara. Aprendemos el modo de sentir humano por la versión que los demás tienen de irrumpir en nuestro incipiente mundo. Es lo físico en cuanto físico, como conformación infantil. Es la presencia de lo humano, que va configurando nuestra habitud de inteligencia sentiente en cuanto sentiente, en el sentido formal y estricto del sentir humano: 'lo primero que se le da al niño no son los otros hombres, sino lo humano de la vida, el sentido humano de la vida [...] el dato primario de lo social no son las mónadas (yo, el otro) sino «lo humano» [...] «los demás» es lo humano que hay en la vida del niño, y que desborda su realidad propia'(SH 239).

            Este desbordamiento de la propia realidad, hay que entenderlo bien. Ese desbordamiento hace referencia a la nota de apertura constitutiva de la realidad, en este caso la del niño. El desbordamiento de la propia realidad consiste en más apertura y esto tiene su punto constante del dar de sí en eso que Zubiri llama la «aprehensión primordial de realidad», y el proceso de continua actualización en logos y razón. Y este es un proceso global, i.d. afecta a todo el ser humano como poseido y poseedor de realidad. De ahí que podamos afirmar que la esencia del enfrentamiento humano es la unidad de atemperamiento como resultante de la unidad de actualidad aprehensora y opcional de respuestas determinadas y conformadoras.

 

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2.Visión estructural del vivir humano.

El medio estructural de la habitud.

 

            El medio viene definido por el tipo de estructuras que posee el viviente. En una consideración posterior se abordaría el plan del viviente en ese medio. Analizar en lo que sea posible esas estructuras nos acercará un poco más al ámbito héxico donde se desarrolla lo vital. Aristóteles pensó que del examen del movimiento saldría la última comprensión de la realidad. No, el movimiento es necesario para la vida, pero sólo con movimiento no sería vida lo que se nos da, la vida supone un despliegue en tensión dinámica. Zubiri define el carácter de la vida humana como la afirmación de la propia sustantividad poseída en esa tensión dinámica (cf.SH 554).

            Eso que hemos llamado «impresión» está en el origen de toda posible dirección del hacer humano (cuyo primer momento es el modo de haberse). El momento del «hacia» en la impresión de realidad considerado como momento del modo de haberse, es algo inicial, algo principial en el sentir humano. Su modo concreto es la orientación.

            El grado de satisfacción que va el viviente encontrando en sus respuestas estimúlicas en contraste con la contrariedad de las adversidades, guía su rumbo vital. En el hombre ya vimos que al no tener respuesta adecuada 'a priori', tiene que hacerse cargo de la realidad. Hacerse cargo de la realidad supone en primer lugar, un 'quedar en situación'. Este quedar en situación es el orto del querer...buscar la respuesta.

            El hombre tiene que ir conformando su propia realidad en el hacerse cargo de lo que le impresiona, eligiendo esto y dejando lo otro por un tanteo. El hombre no es una especie de autoafirmación sobre una idea, no; si de autoafirmación queremos hablar, es sobre su propia realidad que el hombre se va autoafirmando, haciendo que las estructuras vayan dando de sí. Este dar de sí viene propiciado por el fenómeno que Zubiri llama de la hiperformalización:

                        "La hiperformalización da paso al enfrentarse con las cosas y al habérselas con ellas. El enfrentamiento tiene un doble momento: el estar en la realidad de las cosas y el expresarlas por una acción intelectiva; su unidad expresa el carácter noérgico y no meramente noético o intencional del inteligir. La actualización del carácter de realidad de las cosas en la inteligencia es probación física de realidad, es experiencia; implica el dato y la vivencia." (SH 576)

p.279

 

            Mejor y más concentrado no se puede expresar el ámbito de lo héxico. El estar situados en la realidad hace que la realidad estimulante se transforme en instante, estamos en el mismo orto de la impresión de realidad y del momento del querer. En la compacticidad de que nos hablará en IRE, de la impresión primordial de realidad, ya se encuentra el momento de querer y el momento tónico o de satisfacción, o rechazo de lo real que nos afecta:

                        "En el habérselas con las cosas lo importante es el querer, que es fruición de la realidad y preferencia desde un previo tender[32]". (SH 577)

 

            Hacerse cargo de la situación es algo más que dejarse suscitar o dar una respuesta a algo que nos ha estimulado. Hacerse cargo de la situación es habérselas con las cosas como realidad (cf.SH 567). Pero este habérselas, que correspondería propiamente al momento del querer, supone la posibilidad del enfrentamiento, momento intelectivo del hacerse cargo de la realidad. Es importante seguir el texto de Zubiri, aunque sea «entresacado»; es nada menos que de el año 1953.

                        "La inteligencia envuelve, además de la dimensión llamada usualmente intelectiva, una dimensión previa y radical: el enfrentarse con las cosas como realidad"[...][33].

 

                        "Por esta primera dimensión previa las cosas nos ofrecen lo que he llamado impresión de realidad. no un mero estímulo, sino una realidad estimulante. El niño no sabe lo que está haciendo porque no es un metafísico ambulante, pero lo hace: se enfrenta con las cosas como realidad, y lo que la realidad le da es una impresión de realidad: un verde real, o una realidad verde".(SH 568)

p.280

 

                        "Nadie comienza a estar en la realidad ni deja de estar en ella; lo único que comienza y deja de haber son las cosas con que estar en la realidad. La inteligencia es en este sentido mera actualidad"[34][...]

 

                        "A la unidad de la impresión de realidad corresponde

                        la unidad de una inteligencia estructuralmente sentiente[35][...] El hombre va aprendiendo, pero su aprendizaje es el de la inespecificidad, porque el inteligir le enfrenta con la realidad"[36].(SH 569)

 

 

            Al hablar de estructura en Zubiri hay que recordar que en el orden de la suficiencia constitucional, es la unidad de notas-de  la que en su despliegue nos da la esencia de una realidad concreta. La constitución viene determinada por el modo como las notas (constitutivas) modulan la unidad primaria y radical (cf.EDR 38). De ahí que el «de suyo» sea algo estructural, no sustancial ni subjetual. En esa unidad estructural va ínsito lo dinámico:

                        "...el devenir es algo que se halla inscrito precisamente en esa unidad estructural, en ese sistema estructural y constructo de notas, que constituyen la sustantividad de algo."(EDR 39)

 

            La unidad estructural de notas, como tal unidad viene a constituir lo que Zubiri llama la formalidad, por contraposición al contenido de algo. La formalidad de realidad se identifica en cuanto formalidad, con eso que hemos llamado «estar», «quedar», y en formulación estructural, —actualidad—. De aquí la importancia de una adecuada distinción de lo que normalmente entendemos por «contenido de algo». El  mejor modo de presentarlo será abrir el panorama metafísico de eso que es «la realidad actualizada».

            Hay que recordar que las notas constitutivas de la realidad en impresión, son la apertura, la respectividad, la suidad y la mundanidad. Esta unidad estructural desde una inteligencia sentiente constituye la actualidad de la formalidad de realidad; el «de suyo» es la expresión del conteni

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do de esta unidad estructural.    Cada una de las notas será el despliegue del contenido que se actualiza en la inteligencia humana como fondo metafísico del orden de lo real en cuanto real. Estas notas se determinan talitativa y transcendentalmente. Así la apertura es el primer momento de la transcendentalidad. Es la apertura de formalidad, las cosas reales están sentidas como otras, «realidad otra». Al ser formalidad abierta, no es realidad sino respectivamente a aquello a lo que está abierta. Ser real es serlo respectivamente a aquello que es «de suyo»: la respectividad transciende de sí misma: apertura respectiva.

            Comunicación y reificación son los momentos talitativos de la realidad en función del contenido. El momento suyo del «de suyo» hace del contenido realidad «suya», de ahí que el contenido sea real en «la» realidad (momento transcendental). En esta determinación de la realidad como respectiva y suya, se actualiza la nota de apertura mundanal, máximo exponente del despliegue de actualidad, el mundo como «unidad» estructural (cf.IRE 121-122).            En la realidad así actualizada en la determinación del contenido por la formalidad de realidad, y de la realidad por el contenido «reificado», se constituyen lo que Zubiri llama las formas y modos de realidad, y esto es el objeto formal de la inteligencia sentiente: captar lo real en los modos y formas dados en la impresión de «realidad». De ahí que lo primero que tengamos sea muestra propia inteligencia como nota-de la propia sustantividad. La inteligencia se ve así misma como «mera actualidad de realidad», su dar de sí será el despliegue de esa actualidad actualizando intelectivamente los modos y formas de realidad, y en primer lugar, las de la propia realidad[37]. Esto sería la visión estructural de la inteligencia como habitud (cf. IRE 125).

            Como hemos de ver, el querer y el atemperamiento serán los momentos expresivos de esta realidad metafísica en que consiste el saber 'estar' en la realidad.

 

3 Experiencia y vivencia

 

            Ese estar en la realidad no es otra cuestión que estar entre las cosas como reales, haberse con las cosas como reales. Dicho de otra manera,