The Xavier Zubiri Review, Vol. 5, 2003, pp. 107-115

 

 

Poder de lo real y “kairós” en la filosofía de Xavier Zubiri[1]

 

 

Juan José García

Universidad de Montevideo

Montevideo, Uruguay

Abstract

In Zubiri's few references to "kairos," he emphasizes the ordinary meaning of the term by relating it to the characteristic emplacement of human life.  Yet another implicit meaning is detectable.  The hold reality exercises on man bestows a special seriousness upon his actions.  But, faced with the compulsion of having to realize himself, he can rely upon the voice of conscience.  This voice is constituted in the possibility of gaining access to a first stage of the "kairos," such as the opportune coincidence between what one does and what one thinks one should do. This is perhaps the only "real" happiness to which one can aspire beyond inevitable mistakes.

Resumen

Aunque Zubiri se refiere pocas veces al “kairós”, y cuando lo hace releva el sentido corriente del término relacionándolo con el emplazamiento característico de la vida humana, puede detectarse otro sentido implícito. El apoderamiento que la realidad ejerce sobre el hombre otorga una peculiar gravedad a sus acciones; pero, ante la impelencia de tener que realizarse, éste puede contar con un indicio para el acierto: escuchar la voz de la conciencia. Esa voz  se constituye así en la posibilidad de acceder a un primer estadio del “kairós” como la oportuna coincidencia entre lo que se hace y lo que se piensa que se debe hacer—siendo ésta, quizá, la única felicidad “real” a la que se pueda aspirar más allá de los inevitables desaciertos.

 


Introducción

El “poder de lo real”, en la filosofía de Zubiri, entiendo que tiene una intrínseca y precisa relación con la “herencia”, el “kairós” y la “creatividad”, aunque no esté explicitada. Si bien el filósofo español encuadra la “herencia” en lo que él denomina “la dimensión histórica del ser humano”,[2] sólo menciona en sus obras publicadas dos veces el “kairós” -una de ellas como mera ejemplificación de que no todo lo que está incurso en el tiempo implica cronometría-,[3] y, hasta donde llega mi conocimiento, se refiera a lo estético exclusivamente en un único curso -breve-, herencia, kairós y creatividad tienen una vigencia permanente en la vida del hombre, que para realizarla no puede prescindir del poder de lo real.

Kairós en la filosofia de Zubiri

Comencemos por la referencia al “kairós”, para centrarnos después en la realidad, considerada por los estudiosos de Zubiri el núcleo de su sistema filosófico.

Zubiri señala que cuando el hombre intenta ejecutar proyectos, se le pone “de manifiesto que [los] monta [...] sobre lo que podemos llamar el plazo”.[4]  “El tiempo como plazo no es el tiempo de la pura duración ni el tiempo de la estricta proyección”,[5] que son dimensiones “orladas por lo que pudiéramos llamar futuro indeterminado”,[6] sino que se trata de una dimensión precisamente determinada. Por esta característica que cobra el tiempo humano, “la vida es constitutivamente emplazamiento”.[7]  Y “porque hay un emplazamiento en la vida, el tiempo puede cobrar un carácter especial, que es la oportunidad, el momento preciso, el kairós[8] -Zubiri lo distingue del “kairós” con el que se hace referencia a que las cosas ocurren a su tiempo, “lo cual tiene a veces muy poco que ver con los proyectos del hombre”,[9] puntualiza. Por el emplazamiento, “el hombre está en el tiempo como actor de la vida que le han señalado, del tiempo que le han fijado”.[10] Cabe señalar que, para Zubiri, el hombre realiza su vida personal -volveremos sobre el significado preciso que esta “realización” tiene en su sistema filosófico- “ejecutando las acciones como agente, actor y autor de ellas”.[11]  “Agente”, porque sus acciones son propias “del sistema sustantivo entero en que cada hombre consiste”;[12] “actor”, en tanto “la persona es en cierto modo el gran personaje de su vida”,[13] habida cuenta de que “la vida no empieza en el vacío sino en determinado contexto vital”;[14] y “autor” porque “cada acción confiere [...] una forma de realidad. Y cuando esta forma de realidad es opcional, yo soy autor de mi propia vida, de mis acciones, [...] dentro de límites muy estrechos, pero en un área muy real”[15] -retomaremos este tema.

Esta es la noción explícita de “kairós” que no aporta ninguna novedad porque coincide con lo que generalmente suele entenderse como “momento oportuno”. Sin embargo, considero que hay otra noción implícita de “kairós”, relacionada con la primera pero diferente, en tanto que supone conceptualizarlo desde su vinculación con el ejercicio de la libertad -un ejercicio satisfactorio, cabría añadir.

Centrémonos ahora en la “realidad”. No se trata de un más allá “en sí” ni de algo “en mí”, sino de lo que el filósofo denominó “de suyo”,[16] eludiendo la alternativa planteada desde el llamado, a veces, “realismo ingenuo”, por un  lado, y el criticismo, por el otro. El “de suyo” es aquello que se co-actualiza con la inteligencia, realidades “congéneres”.[17] Una inteligencia sentiente, y no sensible, en su sistema filosófico, porque resulta inseparable de la sensibilidad, a tal punto que cabría referirse a ella como sentir intelectivo. Esta “formalidad”, este modo independiente con que el “de suyo” “queda” en la inteligencia sentiente, es lo que Zubiri denomina “realidad”. Formalidad que difiere de la “estimulidad”: el modo como quedan las cosas en el animal, cuyo sentir se caracteriza como “puro sentir”.[18] Y para que esta conceptualización suya de la realidad no se confunda con lo que ha entendido por tal el realismo, “tanto crítico como ingenuo”,[19] el filósofo introdujo los neologismos “reidad”[20] y “reísmo”[21] en su última obra publicada -Inteligencia sentiente, una trilogía de casi mil páginas-, porque aunque la realidad se actualice como un príus respecto de la intelección sentiente se trata sólo de un príus formal y no cronológico.[22]

En lo que Zubiri ha llamado “aprehensión primordial de realidad”, que posteriormente exigirá la actividad de la inteligencia como logos, razón y comprensión algo “queda” en mí sin ser yo, que lo encuentro en mí como “dado” cuando se actualiza la inteligencia. Por eso es “de suyo”; siendo este “de suyo” -la realidad- el fundamento de toda posible realización personal. El hombre se encuentra teniendo que realizarse, y para ello cuenta con las cosas, pero lo que se le da en ellas es la realidad: “ciertamente no estamos jamás sin cosas; esto sería imposible. Pero lo esencial es que con estas cosas donde estamos es en la realidad”,[23] puntualiza el filósofo.

Es necesario hacer una aclaración respecto del vocablo “realización”, porque tiene un significado preciso en la filosofía de Zubiri. El hombre se encuentra con una realidad dada, la suya, que el filósofo denomina “personeidad”, impelido por la misma realidad a hacer su vida que no tiene hecha, a tener que hacer con la realidad -la suya propia y la restante- su “yo”, lo que él designa como “personalidad”, la actualidad del hombre en el mundo. Es decir, la “realización” es una exigencia ineludible para la realidad que es el hombre: ser hombre implica necesariamente “realizarse” “porque el hombre está realizándose siempre”.[24] Por eso Zubiri también se refiere al hombre como “absoluto-relativo”: “absoluto”, porque se encuentra “enfrentado” -“suelto”- frente a la realidad; “relativo”, porque ese absoluto lo va cobrando con la realidad y desde la realidad ya dada que es él mismo. Esa progresiva “absolutización” del hombre -“de ahí la gravedad de todo acto”[25] - es lo que confiere a su vida su constitutiva “inquiescencia”: “Esta inquietud se expresa en dos preguntas, elementales pero que ningún hombre ha podido negar. Ante todo, la pregunta de ¿qué va a ser de mí? Y como esta realidad que yo soy no me es dada sino que la tengo que hacer, aquella pregunta cobra un sentido todavía más apremiante: ¿qué voy a hacer de mí?”.[26]

Porque el hombre se ve impelido por la misma realidad a realizarse, ya que “el problema no es ‘ser o no ser’, sino ‘tener que ser’”,[27] sostiene el filósofo, toda “herencia”, entendida en su significación más amplia como “legado” recibido, estará implicada en esa realidad con la que cuenta, la única en la que necesariamente deberá fundamentar toda posible “creatividad”, no reducida al ámbito estético sino como posibilidad para su condición de agente y autor -una posibilidad  “positiva”, “que todavía no se ha realizado y [...] que no se realizará nunca fuera de mi decisión”,[28] puntualiza Zubiri, distinta de la que caracteriza a lo no contradictorio, que él llama “negativa”. Y “en este sentido la vida es creación y no simplemente resolución pasiva de una situación”[29] porque el hombre “a la dimensión del pensamiento agrega la fantasía, la dimensión de creación”.[30]

Pero, puesto que el hombre tiene una dimensión histórica, que para Zubiri es inseparable de su dimensión social -tema en el que no podemos entrar por razones de tiempo, pero que, en síntesis, es “versión genética de unos hombres ‘reales” a la ‘realidad’ de los otros”[31]-, y la historia consiste en “trasmisión tradente [...] de una comunidad a otra”[32] -por eso la historia es más que herencia, en sentido biológico-,[33] siendo la tradición “entrega de realidad”,[34] el hombre no sólo tiene que contar ineludiblemente con la realidad para realizarse, sino que además dejará necesariamente su “herencia”, su legado. Y esto porque lo “tradicional no es atestiguado sino recibido”,[35] aunque el hecho de recibir no implique una aceptación pasiva, ya que “tradición no es conformismo”,[36] y es posible por tanto “modificar lo recibido, y aún incluso hacerlo trizas”.[37] De ahí la responsabilidad que el hombre tiene respecto de su realización; porque esa realización necesariamente tendrá una proyección histórica, ya que “lo que se recibe son [...] formas de vida real”,[38] entendiendo por tales “lo que es la vida en cuanto realidad”.[39] Es decir, lo primario de esta “herencia” no es aquí el “sentido” del legado, sino la realidad misma de lo que se está legando, porque “el problema no es el sentido de la realidad sino la realidad del sentido mismo como momento real de la vida real”,[40] puesto que “el sentido se halla fundado en la realidad y no al revés”.[41] “Todo sentido reposa sobre una realidad”,[42] sostiene Zubiri, pese a la excepcional riqueza y a la incuestionable necesidad que explícitamente le reconoce a la lógica hermeneútica.

¿Por qué la vida del hombre tiene esta “gravedad”, propia de todo acto, según Zubiri? ¿Qué incidencia concreta posee la realidad en la realización de la persona humana que le confiere a su vivir una estructura previa a todo sentido? ¿Desde qué dimensión la realidad posee una capacidad tan determinante en la vida del hombre?

El filósofo distingue tres “momentos” en la realidad. Un momento de nuda realidad, “según el cual la cosa es lo que es ‘de suyo’ en y por sí misma como es.[43]  Otro, que es aquel “que expresamos en español cuando decimos que tal o cual cosa ocurre, o tiene que ocurrir por la fuerza de las cosas”,[44] denominado por Zubiri forzosidad. Pero además posee el momento de poder, por el que cada cosa real es “más” que su “contenido talitativo”.

Para Zubiri toda cosa -cuando utiliza la palabra “cosa” lo hace en sentido amplio para referirse tanto a las cosas materiales como a los seres vivientes o a las personas- posee una doble característica que él denomina “función trascendental” y “función talitativa”.[45] Cada cosa es una realidad determinada  -piedra, perro, piano, Pedro-, tiene su propia “talidad” que la hace una realidad “tal” y, simultáneamente, es real. Si no fuera “real”, no podría ser “tal” realidad. Inversamente, la realidad sólo se hace presente en cosas reales: no se da la realidad al margen de ellas -“la realidad no es una especie de ‘piélago’ en que estuvieran sumergidas las cosas reales”.[46]

Continúa Zubiri: “Este ‘más” significa que la realidad domina sobre su contenido. Esta dominancia es lo propio de la poderosidad”,[47] del poder. Pero el filósofo considera que este momento de la realidad ha sido olvidado por la cultura contemporánea y hay que recuperarlo -volveremos a la razón de su propuesta en relación al tema que nos ocupa. Como marco de referencia, importa tener presente que el olvido de alguna de las dimensiones de la realidad genera distorsiones en la vida humana porque implica perder la capacidad de atenerse a lo real. Por eso, enfatiza el filósofo: “Del concepto que tengamos de lo que es realidad y de sus modos, pende nuestra manera de ser persona, nuestra manera de estar entre las cosas y entre las demás personas, pende nuestra organización social y su historia”.[48]  Y concluye: “De ahí la gravedad de la investigación de lo que es ser real”.[49]

Zubiri explica que los tres momentos -nuda realidad, forzosidad y poder- se van recubriendo mutuamente. Como consecuencia de lo anterior, señala que cada civilización fue poniendo de relieve alguno de estos momentos en sus realizaciones culturales. Así, en el origen del pensamiento griego estuvo presente el momento de nuda realidad, que permitió el nacimiento de la filosofía porque implicaba la superación de una mentalidad mítica, pero también lo estaba el de forzosidad. Ésta, a su vez, subyace en la matemática egipcia y asirobabilonia. Por otra parte, el poder dio lugar a la interpretación animista del mismo.[50] Pero la recuperación de esa dimensión de la realidad no implica para Zubiri un retroceso, porque aunque el animismo ha considerado esa poderosidad de lo real como “animidad” -que para las religiones ha adquirido forma de dioses, con diferentes “poderes” según las culturas-, esas interpretaciones no son una consecuencia racional necesaria. Cabe distinguir entre el carácter de poderosidad que la realidad tiene por su poder, del fundamento del mismo. Para Zubiri el fundamento del poder de todas las cosas es el “poder real”, “vehiculado” por las mismas cosas, pero que no se confunde con ellas: “ciertamente, el poder de lo real no es formalmente el poder de Dios, como tampoco la cosa real es formalmente Dios. Pero el poder de lo real ‘vehicula’ el poder de Dios, vehicula a Dios como poder: las cosas son, por tanto ‘sede’ de Dios como poder. En cuanto fundado en Dios, el poder de lo real es ‘vehículo’ y ‘sede’”.[51]

Y desde esa fundamentación del poder de lo real en el poder real que Zubiri hace en su sistema, habiendo optado antes por una realidad-fundamento, sostiene que no se puede identificar a las cosas con “divinidades”, ni tampoco considerar que tienen una superioridad sobre la persona humana, aunque ejerzan un verdadero “apoderamiento” sobre ella -concepto que ahora sólo mencionamos pero sobre el que volveremos-, porque lo realizan en razón del poder que las fundamenta en su poderosidad, presente también en el hombre por ser una realidad como las cosas restantes.

Zubiri caracteriza ese poder de lo real a partir de una experiencia cotidiana: “Si quiero levantar un peso que excede a mis capacidades orgánicas, yo puedo describir eso de dos maneras: diciendo que, en efecto, no tengo fuerza bastante para mover esa masa -lo cual es verdad- o, de una manera más vulgar, diciendo que puede más que yo. Ahí aparece la dimensión del poder”.[52]  Identifica poder con “dominancia” de lo real, pero no establece una identidad entre esta noción y “causalidad”, que no es producción sino “funcionalidad de lo real” -conceptualización que realiza desde la crítica de Hume, pero corrigiéndolo porque no tuvo el rigor de admitir sólo los “hechos”, lo que exclusivamente “queda” en una inteligencia sentiente. Sostiene Zubiri: “... la causalidad no es primaria y formalmente una producción de realidad, sino algo mucho más elemental pero innegable: es una funcionalidad, es una realidad en función de otra. Que esta funcionalidad tenga el carácter de una producción, esto es mucho más problemático; y sea cualquiera la solución que se dé a este problema, producción no es la noción primaria de causalidad. Causalidad es mera funcionalidad.”[53]

Lo que Zubiri está planteando con el concepto de “dominancia” es que la realidad no sólo ejerce sobre el hombre una funcionalidad constatable entre las distintas cosas y, por tanto, también respecto de él mismo, sino algo diferente que llama “fundamentalidad”, ejercida por todas las cosas sobre la persona humana. Es innegable que cuando el hombre actúa ejecuta una “funcionalidad” sobre lo real, pero aquí la cuestión es otra. Al actuar, el hombre se encuentra con una determinación por parte de la realidad de carácter “físico” -Zubiri la contrapone a “intencional”- que lo hace estar frente a ella. Y esta determinación física es lo que Zubiri llama “dominación”. Es decir, el hombre, además de disponer de la realidad, se encuentra con que esa realidad se le impone, lo “domina” -de ahí el vocablo “dominación”. Por tanto, el hombre no sólo cuenta con una realidad que necesita ineludiblemente, no sólo tiene la realidad a su disposición, sino que lo real se le impone necesariamente desde su disponibilidad. Dice Zubiri: “la realidad que nos hace ser realidades personales es dominante [...]. Realidad es ‘más’ que las cosas reales, pero es ‘más’ en ellas mismas. Y justo esto es dominar: ser ‘más’ pero en la cosa misma; la realidad como realidad es dominante en esta cosa, en cada cosa real. [...] Pues bien, este dominio es lo que debe llamarse poder. Dominar es ser ‘más’, es tener poder.”[54] Se puede aseverar que para Zubiri cada cosa real posee ese “más” por el solo hecho de ser real, y, en palabras suyas, “esto es mucho más grave de lo que pudiera pensarse”.[55] ¿Por qué esta gravedad?

Ya vimos que el hombre no sólo tiene que contar con la realidad para “hacer” su propia realidad, sino que la realidad misma lo impele a realizarse. Tan es así que, en el caso extremo del suicidio, aunque lo que el hombre busca es sustraerse de la realidad, lo hace impelido por la misma realidad y sin posibilidad de eludirla.[56]

Realidad y religación

El carácter impelente de la realidad es lo que constituye la “religación”, que al final de su trayectoria intelectual Zubiri la llamará “apoderamiento” -“este apoderamiento es lo que formalmente constituye lo que he llamado religación”-,[57] que el hombre experimenta en el hecho de estar poseído por el poder de lo real. Zubiri señala que se trata de una estructura humana “física”, contraponiéndola así a otros modos de relacionarse con la realidad que tienen un carácter “intencional”: “Por la religación estamos físicamente lanzados hacia la realidad que se ha apoderado de nosotros no de un modo ciego, sino por el contrario de un modo ostensivo y experiencial”.[58]

Lo “ostensivo y experiencial” es el apoderamiento ejercido por el poder de la realidad en el hombre -importa subrayar que este apoderamiento, o religación, es ejercido por la realidad y no por Dios, aun cuando la experiencia de este apoderamiento constituya lo que Zubiri denomina “sistema de referencia” para “esbozar” una realidad-fundamento que dé razón de ese poder de la realidad, que para el filósofo es Dios -en estricto sentido, y con sus propias palabras: “que hay en la realidad eso que designamos con el nombre de Dios”.[59]

Zubiri sostiene que no se trata de una “mera vinculación ni es un sentimiento de dependencia sino la versión constitutiva y formal al poder de lo real como fundamento de mi vida personal”.[60]  Consecuentemente, “lo que está religado al poder de lo real no es uno u otro aspecto de mi realidad, sino mi propia realidad personal en todas sus dimensiones, puesto que según todas ellas es como construyo mi Yo”.[61]  Se trata de un hecho total, “integral” -dice a continuación. Y concluye definiéndolo como “la ‘estructura respectiva’ misma en que acontece el poder de lo real”;[62] por tanto, algo al mismo tiempo humano y cósmico, porque “es el acontecer mismo de toda la realidad en el hombre y del hombre en la realidad”.[63]

Resumiendo, al hombre “sólo en las cosas se da el poder”;[64] se encuentra libre en el modo de realizar su persona, pero, al mismo tiempo que las cosas lo dejan en libertad respecto de la modalidad de su realización personal, lo impelen necesariamente a hacerlo, lo que constituye un primer problematismo -porque las cosas abren distintas posibilidades con el poder de la realidad que vehiculan, como posibilidades de opción que se le presentan al hombre. Aunque dado que éste no puede dejar de elegir, la opción cobra un carácter propio: “optar no es sólo ‘elegir’ lo determinado de una acción, sino que es ‘ad-optar’ una forma de realidad en la acción que se ha elegido”.[65]  Para Zubiri, esto resulta nuevamente problemático para el hombre. Este segundo grado de problematicidad está planteado por el hecho de que hay que incorporar un poder ajeno al carácter libre de la realización personal. Y esto es lo que cobra para la apreciación de Zubiri la gravedad a la que aludíamos hace un momento. Porque el hecho de la ineludible incorporación de un poder ajeno cuando el hombre se realiza -cuando “vive”, podríamos decir-, determina que al optar necesariamente “adopte” una forma de realidad. En lenguaje corriente diríamos que el hombre no puede “jugar” la realidad: todo lo que hace lo configura realmente. Y el desconocimiento del poder que la realidad tiene, podría llevarlo a no tener en cuenta las consecuencias reales, las realidades, que el ejercicio de su libertad introducen en el mundo -ignorancia de la que se deriva una inherente irresponsabilidad, grave, porque es un modo de inconciencia.

Es decir, el hombre es libre de apropiarse del poder que la realidad le ofrece, pero al hacerlo necesariamente queda determinado por ese poder. Cuando el hombre elige libremente lo real -su ámbito exclusivo de elección- está incapacitado para hacerlo de un modo que no lo configure realmente. Del ejercicio de la libertad necesariamente resulta una determinada forma de realidad para él. El hombre, al ejercitar su libertad con las cosas, y al haber entre las cosas y el poder de lo real “una precisa estructura interna”, que Zubiri llama “fundamento”,[66] recibe la fundamentación de su libertad desde el poder que esas cosas elegidas tienen, por estar ese poder de las cosas fundamentado en el poder real, en el poder de la realidad fundamental. Por tanto, la libertad humana es una libertad fundamentada en su ejercicio por el poder de la realidad en un doble sentido -esto no lo dice Zubiri pero puede deducirse de sus planteamientos. Por una parte, su libertad no genera un ámbito propio de elección al margen de lo dado por la misma realidad, sino que es una libertad “religada” o “apoderada”, para cualificarla en relación al último vocablo empleado por Zubiri para referirse a esta “versión constitutiva y formal”[67] del hombre al poder de lo real que es la religación. Pero, además, de toda posible elección, por serlo de la realidad, ineludiblemente resulta para el hombre una forma determinada de realidad, y esto es lo que más importa al considerar la vinculación que el poder de lo real tiene con lo que, en sentido amplio, podemos llamar “creatividad”, como posibilidad efectiva para la acción humana, y con la “herencia”, también en un sentido amplio: como “trasmisión tradente”, en el lenguaje de Zubiri, como legado.

Habiendo considerado la estructura que tiene la realización humana, ¿tiene el hombre  algún modo de orientarse en ese apoderamiento de la realidad?, ya que la realidad es no sólo “nuda realidad” con la que se pueden hacer cosas -con el inherente peligro de “naufragar” en un mundo técnico del que se ha perdido el sentido-, sino que impone su propia consistencia. ¿Existe alguna pauta que constituya una posible orientación en el legado recibido, para realizarse y configurar responsablemente su herencia, el “novum” que desde su creatividad el hombre introduce en la realidad y necesariamente trasmite?[68] ¿Algo que constituya un modo de kairós, algún indicio de cómo podría realizarse de una manera oportuna, habida cuenta, además, del plazo -del emplazamiento- que “pesa” sobre el tiempo de la vida humana?

Zubiri, sin plantear estas preguntas, deja incoada la respuesta. Apurándola, podríamos concluir que esa pauta puede auscultarse porque la realidad no es muda. Dice: “En cada instante de su vida el hombre posee, en principio, eso que se llama voz de la conciencia. Es la voz que en una o en otra forma dicta al hombre lo que ha de hacer o no hacer. [...] Generalmente suele invocarse esta voz tan sólo cuando se trata de deberes. Pero esto es insuficiente, porque en realidad esta voz nos habla siempre en todo acto”.[69]  Y añade: “Esta voz me dicta algo. [...] Y en todos estos dictados lo que la voz de la conciencia dicta como algo que emerge del fondo de mi propia realidad, es justamente una forma de realidad que he de adoptar”.[70]  “La voz de la conciencia es justamente como una remisión notificante a la forma de realidad. Y aquello de que es noticia es la realidad. Desde este punto de vista, el hombre es la voz de la realidad. La voz de la conciencia no es sino el clamor de la realidad camino del absoluto”,[71] de ese absoluto que cobra el hombre real al “adoptar” un modo de realidad, haciendo así de lo recibido algo realizado, “creativamente” realizado desde su libertad que, aunque “apropiada”, no pierde su capacidad de optar respecto del contenido que haya recibido históricamente en “herencia”.

Conclusión

Por tanto, podemos concluir, el hombre tiene a través de la voz de su conciencia un acceso a lo que cabría considerar un primer estadio del kairós -primero desde la capacidad de acceder del hombre, porque el fundante y definitivo no está disponible para él: que las cosas ocurran a su tiempo, como se señaló al comienzo, “tiene a veces muy poco que ver con los proyectos del hombre”.[72]  Estadio kairótico porque todo posible acierto necesariamente deberá iniciarse en una coincidencia entre lo que se haga y lo que se piense que se debe hacer. Entre lo que el hombre entiende como exigencia de realización desde su inteligencia sentiente -inseparable de la voluntad tendente y del sentimiento afectante[73]- y su efectiva realización que, en tanto que acto de libertad, “como modo de ser de una volición, consiste formalmente en ser un acto de amor fruente”,[74] por “la conveniencia [...] de dos realidades, de las cuales la del hombre es plenaria en la realidad en la que ha depuesto su fruición”,[75] decía Zubiri en su curso “Acerca de la voluntad” en 1961.[76]  Incorporando la conceptualización que nos dejó el filósofo en su último libro, El hombre y Dios, en el que estaba trabajando cuando le sorprendió la muerte, añadiría: no sólo fruente, o feliz, por ser un acto de voluntad que depone en algo real su fruencia, sino, además, por coincidir con esa voz de la conciencia, interior al hombre, que parece la instancia decisiva para que la libertad no sea espontaneidad ni arbitrariedad -distinción destacada por el filósofo.[77]  Y éste es el sentido implícito del kairós en la filosofía de Zubiri al que me refería al principio: algo previo al “momento” oportuno disponible, en tanto que oportunidad fundante del carácter de todos esos momentos, dada por la coherencia en el obrar como “modo de autoposesión” -en que consiste la vida humana, según el filósofo-,[78] que realiza al hombre como la “realidad moral” que es.[79] Tal vez la única felicidad “real” -concluyo desde los planteamientos zubirianos- a la


que puede aspirar el hombre pese a sus involuntarios, y quizá inevitables, desaciertos.

 

.  


 

Notas


 



[1] Ponencia leída en el XIII Encuentro Nacional de Fenomenología y Hermenéutica -“Herencia, ‘kairós’, creatividad”-, organizado por el Centro de Estudios Filosóficos de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires (Argentina), el 11 de septiembre de 2002. Agradezco a Joaquín Villalón sus precisas observaciones.

[2] X. Zubiri, “La dimensión histórica del ser humano”, en: Id., Siete ensayos de Antropología filosófica, Bogotá, 1982, pp. 117-174.

[3] Cfr. Estructura dinámica de la realidad, Madrid, 19952, 288. [En adelante, EDR].

[4] X. Zubiri, Sobre el hombre, Madrid, 1986, 613-614. [En adelante, SH]

[5] SH 614.

[6] SH 614.

[7] SH 614.

[8] SH 616.

[9] SH 616.

[10] SH 616.

[11] X. Zubiri, El hombre y Dios, Madrid, 19986, 78. [En adelante, HD]

[12] HD 76.

[13] HD 77.

[14] HD 77.

[15] HD 78.

[16] Cfr. X. Zubiri, Inteligencia y realidad, Madrid, 19914 152. [En adelante, IRE].

[17] Cfr. IRE 10.

[18] Cfr. IRE 52-53.

[19] IRE  173.

[20] Cfr. IRE 57-58.

[21] Cfr. IRE 173.

[22] Cfr. IRE 62.

[23] HD 80.

[24] SH 631.

[25] HD 52.

[26] HD 100.

[27] SH 659.

[28] SH 604.

[29] SH 656.

[30] SH 650.

[31] SH 194.

[32] SH 203.

[33] Cfr. HD 69.

[34] SH 206.

[35] SH 207.

[36] SH 204.

[37] SH 204.

[38] SH 206.

[39] SH 207.

[40] SH 206.

[41] SH 206.

[42] SH 207.

[43] HD 27.

[44] HD 27.

[45] Cfr. X. Zubiri, “Respectividad de lo real”, Realitas III-IV, 1976-1979, Volumen IV, Madrid, 1979, pp. 13-43.RR 26-27.

[46] HD 57.

[47] HD 27.

[48] X. Zubiri, “Qué es investigar”, Ya, Madrid, 19 de octubre de 1982, en: M. L. Rovaletti (Compiladora), Hombre y realidad. Homenaje a Xavier Zubiri 1898-1983, Buenos Aires, 1985, pp. 85-88.QI 87. [En adelante, QI].

[49] QI 87.

[50] Cfr. HD 29.

[51] HD 155.

[52] SR 180.

[53] HD 85-86.

[54] HD 86-87.

[55] HD 98.

[56] Cfr. HD 82.

[57] HD 109.

[58] HD 99.

[59] HD 116.

[60] HD 128.

[61] HD 128.

[62] HD 129.

[63] HD 129.

[64] HD 374.

[65] HD 374.

[66] HD 375.

[67] HD 128.

[68] Cfr. X. Zubiri, Sobre el sentimiento y la volición, Madrid, 1993, 178-179. [En adelante, SSV].

[69] HD 101-102.

[70] HD 102.

[71] HD 104.

[72] SH 616.

[73] Cfr. IRE 282-283.

[74] SSV 178.

[75] SSV 44-45.

[76] Cfr. SSV 15-193.

[77] Cfr. SSV 105-106.

[78] Cfr. SH 571.

[79] Cfr. SH 343-440.

 

           *  *  *  *

Biografia del autor

Juan José García comenzó a estudiar Letras; terminó sus estudios universitarios como profesor de Filosofía. Después de finalizar la redacción de una de las dos tesis que requería la licenciatura (“La magnanimidad en las homilías sobre San Mateo de San Juan Crisóstomo”), y antes de presentarla, tuvo que alejarse muchos años del ámbito académico por deberes familiares. A comienzos de 1999 se licenció con “La persona y su contexto socio-histórico en el pensamiento de María Zambrano”. Sobre esta autora, ha publicado un artículo (“María Zambrano y su razón de la poesía”, Númeror, Sevilla, España, 2000), y recientemente participó con una comunicación (“Zambrano y Ortega: la razón de un rencor”) en un congreso realizado en Santiago de Chile. Ha presentadosu tesis de doctorado, “El poder de lo real en Xavier Zubiri y su lectura de los Padres griegos”. Sobre el tema del poder de lo real, leyó una comunicación (“El poder de lo real y el ‘kairós’ en la filosofía de Xavier Zubiri”), en las “Jornadas nacionales de Fenomenología y Hermenéutica”, realizadas en Buenos Aires en el corriente año. Ha publicado cuatro libros de poemas: Es esa luz que baja enamorada (Buenos Aires, 1996), Dibujo de Amor (Córdoba, Argentina, 1999), Otro modo de presencia (Córdoba, Argentina, 2000) y A donde pierda su aguijón la muerte (Córdoba, Argentina, 2001).    E-mail: jjgarcia@preu.edu.uy.